Los Coyotes, en El viajero lento, con un montón de pistoleros más

Olvidé decir que Miguel Herranz Farelo, el viajero lento, dedicó unas palabras a Manual para coyotes, y ya puesto le dio un buen repaso a la literatura del género. De mi libro dice cosas como…

Lo hojeo y resulta que se trata de una colección de cuentos situados en el Lejano Oeste. El autor se llama David Ruiz. Un momento. ¿He leído David Ruiz? ¿Lejano Oeste? Aquí hay algo raro. Con la lectura de la solapa se confirman las sospechas que el nombre me había despertado en un primer momento: este tío no es de Arizona. Es de Madrid. Y encima, matemático.

Leo las dos primeras páginas del primer cuento (Los vencidos) y me convencen lo suficiente para gastarme los 13 eurillos que dan derecho a leer el resto. Esa misma noche, leída la página 106 y última del libro, me doy cuenta que la inversión ha merecido la pena, porque es uno de los libros que más me ha gustado en los últimos meses.

De los otros, leed el artículo completo aquí, malandrines, y lo sabréis.

Por lo demás todo bien. El primer borrador de la continuación del manual (continuación en el sentido de ir después, no de que siga su historia) va como al 20%. Cambia el entorno pero no las costumbres: ya me he cargado a tiro limpio, mayormente pero no siempre, a un buen puñado de seres, mayormente pero no siempre humanos, y he arrasado un bosque de doce mil años de antigüedad. Nieva y hace bastante frío, por lo que escribirlo en julio en Madrid está siendo contradictorio y refrescante. Me lo estoy pasando pipa.