un mundo feliz: sobre la réplica de Politikon al manifiesto de la izquierda

Esta semana, vía Twitter, me enteré de la existencia de un comentario crítico a un manifiesto llamado Última llamada, y por tanto, de rebote, de la existencia de este manifiesto.

Del manifiesto no voy a decir gran cosa; quien esté interesado en leerlo puede encontrarlo en www.ultimallamada.wordpress.com.  Y lo firma la flor y nata de la vanguardia de la izquierda de este país. Entre las firmas, Ada Colau, Alberto Garzón y Pablo Iglesias: dos en nuevos partidos de izquierdas, y el otro la juventud de Izquierda Unida. En éste texto yo voy a despacharlo diciendo que viene a ser un sumario o pastiche de proclamas de izquierdas. Si tuviese que resumirlo en una cita, sería: “de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.” Y poco más voy a decir de él, porque ya se encarga de eso el comentario crítico, que es en el que yo me voy a centrar.

Tal crítica vio la luz porque dos autores de Politikon leyeron el manifiesto y decidieron exponer contra él una serie de argumentos y evidencias, tachándolo de apocalíptico (y, de nuevo, quien esté interesado lo tiene en http://politikon.es/2014/07/10/ultimatum-la-tierra). Los dos autores son Kiko Llaneras y Jorge San Miguel. No tengo el gusto de haber oído jamás hablar de estos señores antes, pero entre Politikon y Google me informan de que el primero es un ingeniero de sistemas que se gana la vida investigando con modelos matemáticos en biología y bioteconología (también se nos advierte, con mucha razón, que es un entusiasta de las gráficas). El segundo es historiador y ha estudiado ciencias políticas, y Politkon dice que está en Bruselas, donde “contribuye a construir un mundo mejor defendiendo los intereses de grupos de presión y corporaciones transnacionales”. Y si tuviese que resumirlo con algo sería con la idea subyacente a todo el texto de que vivimos en un mundo de prosperidad y mejoría constante, donde la sociedad occidental funciona sin problemas y el libre mercado es injustamente acusado de no entiendo bien qué males, pues para cuando terminan de refutar no queda ninguno.

Tal refutación la plantean, al inicio de su artículo, en los siguientes términos: nos cuentan que el manifiesto “construye una madeja de declaraciones altisonantes y maximalistas que ni se apoyan en argumentos racionales ni se soportan en datos; o, lo que es peor, con frecuencia van contra la evidencia de que disponemos. Es un texto inconexo y omniabarcador que usa un lenguaje fuertemente connotado para intentar —con escaso éxito— revestirse de ciencia al plantear esa enmienda al sistema”. Es decir, que la refutación se entiende, vendrá avalada por datos, apoyada por la evidencia, investida de ciencia.

Oh Ciencia, ven, que te invocan.

Así que Llaneras y San Miguel proceden a destacar las siguientes afirmaciones del manifiesto y responderlas con las siguientes réplicas:

1. Fuerzas de la izquierda: ¡el mundo está en crisis! Llaneras & San Miguel: eso es incorrecto, y nuestro primer ejemplo es que la pobreza se ha reducido a la mitad desde 1980

Como demostración, ya veníamos avisados, nos sueltan el primer gráfico de la noche:

pobreza1

Al gráfico no le acompaña comentario ninguno. Nadie, por ejemplo, se molesta en explicar qué son exactamente dólares “en 2005 PPP”, ni por qué han puesto PPP y no PPA, que serían las siglas de Purchasing Power Parity en español, ni por qué se analiza tan sólo los datos entre 1980 y 2010.

Y bien qué hacen: resulta que el indicador de marrás es como poco dudoso, a la par que inútil en su pura esencia: observemos la gráfica y en lugar de mirar la línea gorda del mundo bajemos hasta donde poner Europa y Asia Central. Ahí estamos nosotros, agrupados en un conglomerado que va desde Portugal a Kisguistán. Lo que ese gráfico nos dice es que aquí, por ejemplo, tenemos poca gente que sobrevive gastando al día menos de lo que cuesta un café. Y que más que eso no cuenta como pobre. Es decir, que para que el Banco Mundial te pinte en su gráfica debes ser capaz de subsistir con menos de cuatrocientos euros al año.

No deja de ser un indicador tramposo, porque ahora está definido con lo del dólar y medio, pero hasta hace pocos años el límite estaba en el dólar. Y si se quedan sin pobres siempre pueden subirlo un poco: resulta que a día de hoy el 40% de la población mundial subsiste con menos de 2 dólares al día, y en general, el 80%, con menos de 10 $ por día (según propios datos del Banco Mundial recopilados por Global Issues). En cualquier caso, la verdad es que no me extraña que el porcentaje sea prácticamente nulo; quien deba vivir con 90 céntimos al día probablemente muera, y desaparezca de la gráfica.

Pero es que además es un indicador con trampa: los autores lo esgrimen como argumento a favor de la prosperidad de occidente (…sin mencionarlo todavía, pero lo harán dentro de poco) y por ende del capitalismo (de manera también encubierta, pues las loas al capitalismo vendrán más tarde). Pero resulta que la culpa la tiene China, que no es exactamente un país capitalista (sino ese je ne sais quoi): así queda la foto de diversos umbrales de pobreza para el mismo periodo con China en el lote, a la izquierda, y sin China en el lote, a la derecha.

poverty-levels-over-time copy

Resultando sospechoso el indicador y engañosa la agrupación del dato, contemplemos otros indicadores que nos hablen de pobreza más cerca. Comparemos datos de Eurostat, que tiene una página estupenda con la que construirse gráficas, qué pena que Llaneras no la use, sobre el porcentaje de población en riesgo de pobreza extrema o exclusión social en Europa, en Alemania y en España:

People at risk of poverty or social exclusion …que ya parece reflejar más la evidencia de lo que uno ve en nuestro país día a día. Pero bajemos un poco más al pozo y veamos también el índice de gente que está en una situación de pobreza absoluta:

Severely Materially deprived

Y aquí es donde yo voy a hacer eso tan elegante de no hacer comentarios y pasar al punto siguiente.

2. Fuerzas de la izquierda: ¡las tendencias de progreso del pasado se están quebrando! Llaneras & San Miguel: pero según eso el mundo degenera, y la mayoría de indicadores dice que progresa, y nuestro segundo ejemplo es ¡el aumento de la esperanza de vida!

Y si antes pecaban de utilizar un gráfico que abarcaba un periodo corto, ahora lo extienden a los dos siglos de diferencia:

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Del que se puede decir que es un gráfico muy bonito que aporta muy poca información. No contentos con él, destacan que hasta la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad incluso en el África Subsahariana.

Es decir, que la medicina moderna, con el descubrimiento de los antibióticos, los microbios, los gérmenes y por tanto la inferencia de que la higiene era algo fundamental a la hora de tratar pacientes, no es la responsable de tal aumento: el mérito es del sistema. ¿Quizá propusiesen entonces los autores de la crítica que el desarrollo de la medicina está motivado por el sistema? En ese caso sólo queda recordarles qué es una falacia cum hoc ergo propter hoc: inferir que dos cosas que suceden a la vez son causa la una de la otra.

Pero volvamos a la hipótesis de que la esperanza de vida aumenta por virtud de nuestro hipotéticamente próspero y saludable sistema. De ser tal cosa cierta, en lugares donde el sistema no opere, como Cuba, China o Corea del Norte la esperanza de vida debe estar por los suelos. Veamos: Cuba 79,3 años (un 1% más que en EEUU), China 75,3 años (el 96% de la de EEUU), Corea del Norte 63,8 años (el 82% de la de EEUU).

Vaya, pues no.

Pero ya que mentan a África, pensemos: ¿y no tendrá nada que ver la investigación del SIDA y la propuesta del uso de preservativos para haber contenido la enfermedad en África y reducir, de paso, de forma radical la mortalidad infantil? Por lo visto no: es el mundo, que mejora solo.

3. Fuerzas de la izquierda: “no basta con la energía verde”. Réplica de Llaneras y San Miguel: “esta es la única civilización que se ha preocupado de forma consciente y efectiva por la sostenibilidad”, “desde mediados del S. XX [se] ha permitido reducir la extensión de tierra dedicada a cultivo, al tiempo que multiplicaba por tres la producción agrícola”

Tienen razón, aunque yerran por un par de décadas por la fecha: quienes revolucionaron la industria agrícola fueron los alemanes, justo antes de la 2ª Guerra Mundial. En los tiempos previos a la 1ª Guerra Mundial Alemania dependía de las importaciones para dar de comer al país. Como cuando te dedicas a arrasar a tus vecinos estos son poco propensos a facilitarte alimentos, para la segunda decidieron que debían ser capaces de producir sus propios alimentos, lo que es complicado en un país como Alemania, con una gran población y mucho bosque no cultivable. Así pues las industrias químicas del país (las mismas que en la anterior guerra inventaron la guerra química, y cuyos productos, por cierto, todos hemos comprado en algún momento: cosas del mercado) se pusieron a buscar formas de hacer abonos y pesticidas eficientes.

Pero no le atribuyamos méritos a los nazis: es la Revolución Verde. Ni se nos vaya a ocurrir hablar de transgénicos resistentes a plagas y con mayor producción, tampoco.

Por otra parte parece bastante probable que tal vez esta sea la única civilización que se ha preocupado por el medio ambiente, pero en defensa de las anteriores me gustaría decir que es que ellas no se lo estaban cargando.

4. Dice la Izquierda: “la sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta“. Responden nuestros intrépidos críticos: ¡falacia!, “asociar producción y productividad solo con el derroche es una falacia terrible”

Lo que es, a su vez, una falacia, la del Perro de Paja: en ningún punto del manifiesto dice La Izquierda que toda producción conduce al derroche.

En todo caso aprovechan para colarnos otra gráfica, que nos muestra el promedio de horas diarias de trabajo por habitante en Japón, Reino Unido y EEUU.

trabajo

De nuevo parece un indicador sospechoso, aunque sólo sea por las implicaciones éticas que conlleva: por ponerlo a prueba, con los datos del INE en la mano, y asumiendo 40 horas laborables de media por persona empleada y la población que según Wolfram-Alpha teníamos en 2008 y a día de hoy en este país, hemos pasado de un valor de 2,6 en el primer trimestre de 2008 a 2,1 en la actualidad, lo que según Llaneras y San Miguel significa que hemos evolucionado en un simple lustro, y encima de crisis, lo mismo que Inglaterra entre 1930 y 2008. Muchas felicidades a los dos: un aumento del 17% en el paro es una buena noticia. Como no lo es, podemos descartar que el indicador sirva para medir progreso alguno.

5. Dice La Izquierda: “Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible”. Responden ellos: ¡marxistas!

Vamos, que han descubierto América.

Como tienen poco que decir y para este punto no hay gráfico (uno de simpatizantes con las ideas de Marx por firmante del manifiesto quedaría bastante soso), aprovechan para, por fin, explicarnos que el capitalismo es bueno, es bonito y nos ama. Textualmente, dicen, y copio por si a alguien le dio pereza hacer clic en el enlace.

“Además, si bien es cierto que el capitalismo es un sistema económico que tiende a producir crecimiento, no necesita hacerlo. El capitalismo persigue el crecimiento: si hay recursos no aprovechados, la libre empresa los moviliza —y así tiende a convertir los recursos humanos y materiales en bienestar subjetivo, lo cual es a priori positivo—. Pero si no existen esos recursos, el capitalismo se limita a aprovechar los existentes.”

Total, que La Izquierda es marxista, pero ellos son gente perfectamente normal.

No puedo resistirme a jugar con el juego de sus cursivas y poner un par de ejemplos de frases perfectamente lógicas que pueden construirse con ellas (por un motivo sencillo: cuando un argumento funciona, debe hacerlo también en condiciones extremas. Así que veamos qué tipo de defensa es tender a algo, pero no necesitarlo): el lobo tiende a comer ovejas, no necesita hacerlo. Un violador tiende a violar mujeres, no necesita hacerlo.

Me quedo mucho más tranquilo.

Pero no puedo dejar de preguntarme si San Miguel habrá podido echarle un vistazo a las cuentas de resultados de las corporaciones transnacionales cuyos intereses defiende en su lucha por un mundo mejor, y si entre ellas habrá encontrado alguna que esté un año, o mejor todavía, un par de ellos en situación de Break Even (en empate técnico entre beneficios y ganacias: en equilibrio). Ser accionista de una empresa tiene dos beneficios: la primera es que, en teoría, la empresa repartirá la parte de sus beneficios asignada a tal fin entre sus accionistas, que puede ser la que sea, o incluso ninguna. La segunda, que es la principal, es que los accionistas ven aumentado el valor de su inversión -es decir, de su dinero- si el valor de las acciones de la compañía crecen, y para que suceda tal cosa pueden pasar muchas cosas, sin duda, pero la más habitual es que la empresa crezca. Una empresa que no crezca está condenada a que los accionistas retiren su capital y lo inviertan en otras empresas que crezcan, y eso supone la depreciación de las acciones y la ruina de la empresa. Es decir, que una empresa necesita seguir creciendo, azuzada por los mercados, si no quiere venirse abajo.

6. Dice la Izquierda: para evitar la debacle hay que cambiar el sistema. Responden ellos: ¿qué debacle? ¡Si todo mejora!

…y todo mejora según las pruebas que ya hemos refutado en los puntos del 1 al 4 (el 5º, al ser propaganda, se libra).

Los autores, entonces, afirman que una sociedad no capitalista es equivalente a lo ya existente en el mundo hasta el año 1800. Lo que no deja de ser curioso, ya que una rápida visita a la Wikipedia nos cuenta que existían corredores de cambio en el mercado bancario en la Francia del siglo XII, y que desde la holanda de principios del siglo XV hay mercados de valores y empresas formadas por un accionariado cuyas acciones se compran y venden en mercados de valores. Los autores sabrán por qué omiten dos siglos, y de paso periodos como el Renacimiento, Roma o la Grecia clásica. Yo sólo puedo sospechar que lo hacen para hacerlo coincidir con la revolución industrial, o lo que es lo mismo, para hacer otro cum hoc ergo propter hoc y barrer para casa y reclamar para mérito del Sistema la invención de la máquina de vapor y las consecuencias que tuvo esta en la industria y la producción.

En cualquier caso, nos ponen otro gráfico: el de la riqueza, medida como la renta por persona, en Inglaterra, desde 1260 hasta el año 2000:

renta

¿Y qué significa este gráfico? Pues nada, si no se acompaña de otro que indique el coste de la vida, la devaluación de la moneda, el IPC o una distribución pormenorizada que no se limite a hacer el promedio; pongamos el ejemplo Emilio Botín. Si este señor pasase por mi pueblo, la renta per capita del mismo, en ese momento, subiría 5.000 €.

Terminamos este punto rescatando una cita que nos hará falta para el siguiente. Tomad nota, según Llaneras y San Miguel: “una sociedad de mercado sí puede solucionar los problemas de sostenibilidad si es capaz de integrar las externalidades medioambientales en los precios”. Esta no la voy a rebatir yo: para negar tal afirmación tendremos a dos invitados sorpresa en el punto siguiente.

7. Izquierda: la Gran Transformación Necesaria choca contra la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Llaneras & San Miguel: quien esté libre de mercado que tire la primera piedra.

Llaneras y San Miguel dicen que la culpa es nuestra, por comprar. Es un razonamiento bastante absurdo, salvo que Llaneras y San Miguel conozcan alguna forma de sobrevivir en occidente sin participar en el juego de la compra y la venta, y de paso, a poder ser, evitando ser protagonista de su primera gráfica. Pero aunque el resumen del razonamiento se queda en las 12 primeras palabras de éste párrafo, los matices con las que intentan darle algo de carne son interesantes.

Por un lado, aprovechan para lanzar un salvavidas al capitalismo, proclamando que a las empresas hay que perdonarlas, que ellas no saben lo que hacen, y que la culpa es de los usuarios, que con sus pérfidas compras permiten que Apple explote niños en Tailandia, o que negándose a esconder sus magros ahorros debajo de sus colchones permiten que los bancos presenten beneficios a lo loco después de zamparse todas las ayudas a la banca a la que la barra libre de los gobiernos occidentales invitó. Porque dirán San Miguel y Llaneras que el culpable es el usuario, pero no sé cómo yo, que un buen día veo que el coche entra en la reserva y lleno el depósito, puedo adquirir de golpe la culpa de que la petrolera que me lo vende extermine poblados indígenas en la amazonia, financie grupos de mercenarios en oriente medio, o sea responsable de la emisión de toneladas incontables de mierda a la atmósfera, o de aumentar su margen alquilando petroleros de mierda monocasco que luego vayan por ahí partiéndose frente a cualquier playa.

No, señores Llaneras y San Miguel; si cuando una empresa hace algo perverso y es cazada quienes se sientan en un banquillo no son sus clientes, sino sus altos directivos, es por algo, que esa gente no es tonta.

Pero vayamos con el asunto pendiente del punto anterior. Llaneras y San Miguel rebaten a Llaneras y San Miguel.

Recordemos, decían los primeros:

—El capitalismo sería la solución una si es capaz de integrar las externalidades medioambientales en los precios.

Para responderse aquí ellos solitos:

—Si la gente estuviese deseando pagar por muebles producidos de forma sostenible —aunque más caros—, habría empresas produciéndolos y ganando dinero con ello. Las empresas son neutras en este sentido. Exigirles un comportamiento que no demandamos como consumidores es inconsistente y fútil. La ética debe estar en el consumidor y no parece el mejor camino pretender que una empresa —que en esencia es un artefacto— sea algo ético. Sencillamente, si nadie compra los productos más caros de una heroica empresa sostenible, esta empresa no sobrevivirá mucho tiempo.

Es decir, que lo que decían hace tres párrafos era broma: hay que reconocerle a la argumentación que es sorprendente, eso sí.

8. Izquierda: Todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta. Llaneras & San Miguel: vivimos en un mundo feliz.

Como cualquier momento es bueno para añadir otra gráfica sobre la que no comentar gran cosa, y como las de antes no debían ser suficientes, supongo que Llaneras nos premia con otra que yo me voy a ahorrar, la del índice de homicidios en Europa… desde 1350 hasta el año 2000.

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Ya sé lo que estáis pensando: que llama la atención que entre 1850 y 1950, con un total de 97 millones de muertos, y la mayor parte de ellos en Europa, sean precisamente la parte más baja del gráfico, cuando sólo en la 2ª Guerra Mundial murió el 2,5% de la población mundial, es decir, 2,5 personas de cada 100, es decir, 2500 de cada 100.000, que son la unidad del gráfico. Eso es porque Llaneras y San Miguel no están contando guerras. Para decirnos que las guerras se han acabado tienen ¡otro gráfico!

Captura-de-pantalla-2014-07-10-a-las-12.31.36

Desafortunadamente este gráfico no viene desde la Edad Media, como el anterior, para que apreciemos que los cien años más sangrientos de la historia de la humanidad son los 100 últimos. No, el gráfico comienza convenientemente después de la 2ª Guerra Mundial y cubre en su mayoría la Guerra Fría, que como bien sabemos fue un conflicto mundial de baja intensidad, en el que, en cualquier caso, estuvimos en varias ocasiones a punto de exterminar a la humanidad al completo, alternando aquí y allá diversas guerras puntuales. Pero bueno, vale; contemplemos ese periodo y veamos cómo son esos muertos en el mundo cada vez más seguro. Pues según Sistemic Peace, que tiene un montón de estadísticas sobre guerras en el siglo XX, hay una línea más o menos constante, y lo que cambia es la distribución; cada vez mueren menos soldados…

AnnualDeathsPV3

…y cada vez mueren más milicianos y sobre todo más civiles. No parece una señal muy razonable de que el mundo sea cada día más un remanso de paz. Menos aún si añadimos a la mezcla las estadísticas sobre la gente que huye de zonas en conflicto; así han evolucionado los refugiados durante las últimas décadas, también con datos de Sistemic Peace:

ref20089. El elefante blanco en la habitación

Y por último, hay un dato que Llaneras & San Miguel al que ignoran en todo momento, cuando, curiosamente, yo creo que está en la esencia del manifiesto; ¿y qué es tal cosa que Llaneras y San Miguel deciden que no vale la pena ni mirar? Pues ni más ni menos que la razón última por la que vamos a necesitar un cambio y colapsar: que somos muchos.

World_population_growth_(lin-log_scale) 10. Conclusión

Kiko Llaneras y Jorge San Miguel comenzaron diciendo que nos iban a mostrar una argumentación basada en hechos y datos, con un sólido carácter científico. Si su idea de ciencia y de datos es buscar el dato que más convenga y pintar la gráfica que vaya convenientemente hacia arriba o abajo, según sea necesario para apoyar el argumento, bienvenida sea. No sabemos si no han sido capaces de pensar en otros indicadores, otros datos, otras gráficas con las que corroborar sus tesis, o si se les ha ocurrido hacer algún chequeo con el que someter alguna hipótesis a prueba. No ha sido nada difícil (ya ven; basta un matemático con un fin de semana libre) para desmontar todas y cada una de las afirmaciones supuestamente basadas en hechos, lo que, finalmente, deja la refutación en un único punto, sembrado entre medias verdades y análisis sesgados: ese que dice que el capitalismo es bueno y bonito, y las empresas y el libre mercado nuestros amigos. Es decir, la mera declaración de intenciones que acusaban de ser al manifiesto a debate, solo que en lugar de dejarlo sin arropar por datos lo han cubierto de estadísticas cuidadosamente escogidas y datos convenientes.

Estos dos autores reclaman un debate amparado por datos y llevado con rigor científico. Se les agradece la intención, pero para empezar deberían enterarse de en qué consiste exactamente la ciencia.