Max de Ítaca

Tom Hardy como Max Rockatansky

Tom Hardy como Max Rockatansky

Hoy paseaba a Valentín con el Twitter en la mano, y pensé/publiqué que estoy tan out que no ando por ahí pregonando a los cuatro vientos mi ignorancia sobre Grecia. Ni nada de nada, ya puestos, porque, bueno, ¿cuánto hace que no escribo aquí?

Vamos a ahorrarnos todo eso del bla bla bla, estaba ocupado, bla bla bla, mudanza, bla bla bla: conduce a un sendero por el que hemos dado demasiados paseos. O he dado. No sé a qué viene el plural: ya nadie me espera, nadie me leerá, con las tres excepciones contadas que o bien tienen alertas en dispositivos arcanos que les avisarán, o me verán escribir bien por la puerta abierta bien a través de su palantir, cámara espía o lo que sea que usen.

Ah, no: ahora tendremos un lector nuevo. Ya os lo presentaré a los habituales otro día.

Transcurrido el meandro fijemos la vista en el objetivo: no ando por ahí pregonando a los cuatro vientos mi ignorancia sobre Grecia. Y no pasa nada, porque hay tanta que la mía no se echa de menos.

Grecia, cuna de la democracia es algo que se ha escuchado demasiado estos días, semanas, meses, lo que llevemos de hecatombe (que viene del griego ἑκατόμβη, me sopla la RAE), por ejemplo. Sólo he leído un tweet sensato, de Íñigo Sáenz de Ugarte, protestando la frase diciendo que la democracia requiere de ciudadanos y que de estos, hasta la Revolución Francesa, no hubo. Porque sí, democracia también viene del griego, δημοκρατία, pero conviene no olvidar que los griegos la practicaban a la vez que mantenían la esclavitud o encerraban a las mujeres en lo que hubiera sido el cuarto de planchar si hubiesen tenido planchas.

Al César lo que es del César: Grecia no fue la madre de nuestra democracia. Lo es de nuestra cultura, desde el lado de la ciencia (¿cuántos gremios salvo el mío recuerdan a ilustres compañeros de hace 2.500 años, por ejemplo?), del que ya hablaremos otro día, que todavía, pese al tiempo que llevo callado, escucho en las paredes de este blog los ecos de las chapas que os he dado al respecto, hasta el de la cultura.

Porque desde Homero la literatura, por ejemplo, tiene un canon: ¿qué es un héroe, cualquier héroe, sino una versión de Ulises? ¡Ulises, protagonista del primer spin-off que, de paso, define los parámetros de la literatura moderna!

Y ese pensamiento siempre late dentro de mi cabeza. Cuando leo, cuando veo una película, veo cómo el autor ha cogido el patrón de un héroe y le ha añadido esto y le ha quitado aquello. ¿Aragorn? ¡Perfecto, en vez de 16 años serán la hueva, Ítaca estará entre las piernas de Arwen, y en lugar de la masacre de la vuelta tendremos la del Abismo de Helm! Le añadimos un poco más de pedigrí, le quitamos algo de oscuridad (aquí Circe no se llevará al héroe al catre durante unos añitos, y durante cientos de páginas los adolescentes del mundo gritarán qué si está loco o qué, que es Éowyn la que tiene delante, que la bese de una puñetera vez), y voilà!, ya tenemos un héroe.

Y esto se me ha mezclado con otra cosa que últimamente se me ha metido también en la cabeza: George Miller (un tipo heroico a su manera, aunque sólo sea por hacer, a sus años, lo que ha hecho después de tan sólo 3 películas chorras de animación, pingüinos y Babe el cerdito entre la Cúpula del Trueno y el presente) y su maravillosa criatura, Mad Max, encarnado ahora por quien quizá sea el mejor actor del momento, Tom Hardy (y quien lo dude que lo vea en The Drop o que no se lo cruce en plan Warrior, o que no se lo crea en Tinker, Tailor, Soldier, Spy haciendo mi personaje favorito del libro).

Si uno coge al lacónico Max y lo pone lado a lado junto al molde griego puede entretenerse comparando las diferencias en ambas siluetas: las dos horas de Mad Max: Fury Road, por ejemplo, ¿a qué etapa del héroe clásico corresponderían? La clave, creo, está en lo de mad. Pensemos en Ulises atado al mástil de su barco, único tripulante que escucha las sirenas, único tripulante que, de pronto, comprende que deben hundirse y unirse a ellas. Pensemos en un Ulises para el que Telémaco es tan solo uno más de la colección de espectros que lo atormentan y lo acompañan, y entenderemos ese gesto final deMax Rockatansky de renunciar al triunfo, a la civilización, a Charlize Theron.

Herbert James Draper - Ulises  y las Sirenas (1909)

Luego comenzaremos a escuchar voces que nos señalarán con el dedo a Aquiles y nos preguntarán ¿y ese qué, no es héroe?, y voces que inmediatamente les responderán comentando que Ulises es desde luego el primer héroe cuya principal arma era la astucia, y que qué mérito tiene ser un guerrero sin miedo cuando uno se cree saber inmortal, y que, en realidad, el héroe de la Iliada era Héctor, troyano, el único tipo que tuvo el valor de salir y enfrentarse a un guerrero por todos tenido por inmortal, ofreciendo su vida como pago por el calentón de su hermano cobarde. Voces de sirenas, atados al mástil. Voces en la tempestad que nadie oye, salvo nosotros y Max de Ítaca.